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Retomando el punto de partida

“Pues mira, muchas veces he sido principiante en este tema del arte y hoy no tengo maestra”, le respondí con una amable rabia interior a quien me preguntó con quién tomaba clases mientras me hacía mi nota luego de que mis tantas preguntas, puesto que hay muchos objetos que no conozco y aceleran mi curiosidad, me pusieran en evidencia como alguien que no estudia arte formalmente..…

Había comprado un pincel y tres botecitos de acrílico como parte de los elementos que requería para una de mis tareas de arte terapia. Recuerdo haberle dicho a mi maestra de vida que me tomaría un tiempo hacer mi tarea, un móvil de mi personalidad, pues sentía que sería toda una aventura ir encontrando los objetos para armarlo…

en realidad, en ese momento no imaginaba lo que significarían mis palabras.

He entrado varias veces a esta tienda a lo largo de mis fallidos intentos por reencontrarme con mi verdadera esencia artística y digo fallidos porque han sido muchas las veces que me he propuesto pintar, dibujar, dedicarme a esto pero en algún momento me perdí en el camino…

debo decir que ahora reconozco el momento preciso, aquel en el que muy pronto deje de ser una niña para contaminarme con el intento de mis padres por ser adultos y entonces las responsabilidades que me adjudiqué me hicieron olvidar por inercia a esa niña que en el kínder pidió tomar clases de arte adicionales a las manualidades y actividades artísticas que per se te ofrece un kínder Montessori.

Iba a clases con mi maestra Paty, era maravilloso, recuerdo pintar una manzana con un gusano sobre una lija con gises, o pintar de colores una hoja que se redescubrían al raspar con un palito sobre la tinta china que los cubría….era muy feliz las tardes que tenía clase con la maestra Paty.

Son de los recuerdos más nítidos de mi infancia, mi estancia en el kínder donde podía hacer tantas cosas manuales, donde se hacían exposiciones de nuestras “obras” y atesoro una foto donde muy pequeñita estoy parada junto a mi dibujo sosteniendo mi diploma de arte.

En esa tienda donde me voy a otro mundo, con el olor a óleo y la madera de los caballetes, la textura de los pinceles y el potencial de los lienzos que parecen estar ahí siempre, esperando, independientemente de mi vida…

por un lado de la tienda veo los materiales para dibujo técnico y me imagino que hubiera sido si hubiera podido elegir esa optativa durante la secundaria, aprender a usar los estilógrafos y las escuadras, hacer perspectivas con trazos finos, sin embargo, debía seguir las instrucciones de mi madre bien aleccionada a su vez, por su padre: “esa niña debe estudiar computación, nada de dibujo técnico”, qué lástima que no reconociera nadie que yo había heredado el gusto por la pintura como mi abuelo y mi bisabuela, talento que nadie más heredó en la familia, y es que lo heredo de ambos lados de mi familia…..

las dos horas a la semana en las que yo me dirigía al otro pasillo para entrar en el salón frío que mantenía en buen estado las computadoras de esa época, eran las peores. Recuerdo que no entendía ni quería entender nada de MS2, o de cómo formatear una y otra vez un diskette, en ocasiones pedía permiso para ir al baño y no regresaba, no por falta de disciplina, imposible, sino porque lloraba tanto de rabia en el baño y me entretenía viendo por la ventana a los de dibujo técnico que el tiempo se me iba sin darme cuenta.

Parece que en esta tienda que tanto me gusta, los elementos se ponen de acuerdo para darme un recorrido por mi vida, en el otro estante vi un enorme compas y pensé, ¡perfecto, para hacer mis mandalas gigantes!…pregunté por el compas y me dijeron que era de diseño gráfico, claro….

recordé, como el que me pidieron el primer y último día que entré a la carrera de diseño y entonces decidí no continuar por “proteger” a mis padres de tanto gasto: colegiatura más tooodo el material….no, yo debía estudiar una carrera que me dejara dinero y que me diera independencia inmediata, “de negocios” como decía el abuelo.

En esta tienda siempre hay a la entrada un corcho con múltiples folletos y volantes de clases de arte, por lo general no me fijo al menos no con el detenimiento con el que lo hice esta vez, como si alguien hubiera dicho “congelados” y me hubiera quedado paralizada frente al corcho…

mi mirada se detuvo en un volante, el más sencillo de todos, hasta abajo como olvidado entre tantos folletos empalmados uno sobre otro, el único en blanco y negro, sin la más mínima pizca de mercadotecnia o de diseño como para que llamara mi atención, así que como buena mercadologa que cae en su propia trampa busqué el folleto más bonito como si eso fuera garantía y tomé el número, sin embargo, el volante de hasta abajo seguía llamándome la atención pero no hice nada…

sólo pensé que el nombre de la maestra era poco común: Trisha.

Platicando con quien me atendía en ese momento, a quien decidí usar como tabla rasa pues proyectaba con mis preguntas y aseveraciones todos mis sentimientos y anhelos artísticos contenidos, le pregunté: y bueno ¿a quién de todas las que están en el corcho, me recomiendas más?…

pregunta inútil aparentemente, ellos sólo venden no pintan ni una casita, lo sé porque se lo pregunté como parte de mis múltiples cuestionamientos a quien no sabía que se había convertido en el elemento perfecto para que mis palabras pudieran hacerme eco.

“Pues la mejor es fulana, aunque mengana tiene mucha experiencia pero fulanita se dedica más a niños y…..Trisha, ella es buena sólo que es muy estricta y personalizada, muy dedicada”, ok, no se diga más pensé dentro de mí, ahora veo por qué me llamaba la atención ese volante, eso quiero, una maestra que se dedique a enseñar la técnica de manera personal…..

luego me ubiqué y me dije: “pero, finalmente, no se supone que esté buscando clases….”, en fin, tomé el número de celular y lo guardé en mi celular.

Después fui a comprar unos hilos para mi móvil, entre telas y encajes pensé que no perdía nada con llamar y pedir informes, así que hablé.
Tomaba un hilo grueso y mientras pensaba que necesitaba uno más delgado, “bueno”, contestó. Hola, buenas tardes, hablo para pedir informes porque vi su volante en Arq-line, usted es Trisha? -así es- respondió.

A continuación me dio todos los informes, mientras hablaba pensaba que era la maestra indicada, podía escoger mi horario, debía empezar con dibujo y después ir eligiendo el orden en que quisiera aprender las demás técnicas, acuarela, óleo, acrílico, pastel…me decía que su metodología y objetivo estaban enfocados a que sus alumnos aprendieran rápido a poder pintar solos en su casa….

perfecto, pensé…justo lo que siempre he querido porque no aguanto estar en clase de pintura mucho tiempo compartiendo el salón, para mi pintar somos mi caballete y yo…si acaso puede acompañarme la naturaleza…

Después me dijo de cuánto era la mensualidad y que si entraba pronto podría exponer en la galería del 3 de junio…todo sonaba muy bien, entonces le dije, le parece si voy mañana a las diez para conocerla, además vivimos muy cerquita así que me quedaba como anillo al dedo todo…pensaba, claro, por eso me llamó la atención el volante…

debía aprender que nuestras interpretaciones de las cosas pueden ser limitadas respecto a la inmensidad que la vida nos aguarda……..
Antes de colgar me dijo: “pero, con quién tuve el gusto?”…con Jael Preciat…es tu tía fulanita y fulanita? –sí, dije- hasta ese momento todo era predecible, con un papá que tiene 10 hermanos es común que te pregunten si te toca de alguien menganito, pero entonces preguntó, con un tono de voz como cuando estás a punto de resolver un acertijo y sólo te falta una parte, “¿hija de quién eres?”, de Manolo y Carmina….

“AY HIJA, ERES JAEL, PERO SI YO FUI TU PRIMERA MAESTRA EN EL MONTESSORI…MI VIDA, SI TU VENIAS AQUÍ A PINTAR, HASTA TE BAÑABAS AQUÍ EN LA PISCINA…PERO, QUÉ GUSTO…QUÉ BUENO QUE SIGUES PINTANDO, ERAS UNA NIÑITA Y TE GUSTABA MUCHO PINTAR, TENGO TUS FOTOS DE TUS PINTURAS, DE LAS EXPOSICIONES”…..

escribo estas letras y vuelvo a llorar de emoción, me transportan directo y sin escalas, el tono de voz y el cariño con el que me hablaba me hicieron encarnar por un momento a la Jael de 4 años y decirle con tanta espontaneidad y sin medir el volumen de mi voz: “PERO QUÉ GUSTO, QUE MARAVILLA”…

y es que, en ese momento, no identificaba claramente las cosas porque mi maestra se llamaba Paty no Trisha así que pensé que sería alguien más que también estuvo en ese hermoso y corto pasaje de mi vida, de cualquier forma la causalidad era increíble…la forma en que había llegado a mí…

la persona que me vio a esa edad como un lienzo en blanco, antes de que fuera dibujado por otros, aquella persona que vio en mi el talento y el gusto por el arte, que no sabía nada del resto de mis 24 años transcurridos y que eso hacía que para mí fuera como regresar al punto de partida, retomar el inicio, editar nuevamente…

¡Nos vemos mañana a las 10!, le dije.
El resto del camino a la oficina, lloré como una niña de 4 años, hasta pena de daba parar en un semáforo, las lágrimas no dejaban de caer, lloraba de emoción, de gusto, sentí que estaba sanando a mi niña interior, que este era su regalo, nuestro regalo….
Al poco rato caí en cuenta: “Paty, Patricia, tricia, Trisha….”….No puede ser!!!!…claro, Jardínes de Mérida y entonces los recuerdos vinieron por montones….

Hoy fui….regresar a esa casa fue como volver a vivir, me vi con mi delantal de cuadritos azules y blancos…Trisha me contó que yo tenía un estilo muy peculiar, que me daba unas hojas con unos pájaros dibujados para que yo los pintara de colores pero que siempre les alargaba sus alas y remarcaba las puntas para extenderlas, que siempre llamaron la atención en las exposiciones porque hacía que tuvieran movimiento, que volaran!

Abril, un mes de liberación, de volar con las alas largas y extendidas sin ataduras, sin miedos, sin reservas.
Esta vez es diferente….volaremos por paisajes verdes y azules, con la fuerza de lo vivido y el regocijo del reencuentro.

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